Capítulo 26 (VI) La transición – VI El amigo que Dios te dió.

Capítulo 26 (VI) La transición – VI El amigo que Dios te dió.

Cualquier cosa en este mundo que creas que es buena o valiosa, o que vale la pena luchar por ella, te puede hacer daño y lo hará. No porque tenga el poder de hacerlo, sino únicamente porque has negado que no es más que una ilusión, y le has otorgado realidad. Y así, es real para ti y no algo que no es nada. Y al percibirse como real se le abrieron las puertas al mundo de las ilusiones enfermizas. Toda creencia en el pecado, en el poder del ataque, en herir y hacer daño, en el sacrificio y en la muerte, ha llegado a ti de esa manera. Pues nadie puede otorgarle realidad a una sola ilusión y escaparse del resto. Pues ¿quién podría elegir quedarse sólo con aquellas ilusiones que prefiere y, al mismo tiempo, encontrar la seguridad que sólo la verdad puede conferir? ¿Quién podría creer que todas las ilusiones son iguales y, al mismo tiempo, mantener que una de ellas es mejor que las demás?

No vivas tu mísera vida en soledad, con una ilusión como tu único amigo. Esa no es una amistad digna del Hijo de Dios ni una que pueda satisfacerle. Dios le ha dado, por lo tanto, un Amigo mejor, Uno en Quien reside todo el poder de la tierra y del Cielo. Esa ilusión que tú consideras tu amigo te oculta la gracia y majestad de Aquél, e impide que le des la bienvenida con los brazos abiertos a Su amistad y a Su perdón. Aparte de Él no tienes amigos. No busques otro amigo para que ocupe Su lugar. No hay ningún otro. Lo que Dios dispuso no tiene substituto, pues, ¿qué ilusión podría reemplazar a la verdad?

El que mora con sombras está ciertamente solo, y la soledad no es la Voluntad de Dios. ¿Permitirías que una sombra usurpase el trono que Dios dispuso fuese para tu Amigo, si te dieses cuenta de que si ese trono está vacío el tuyo estaría vacío y desocupado? No hagas de una ilusión tu amigo, pues si lo haces, ocupará el lugar de Aquel que Dios te dio para que fuese tu Amigo. Y Él es el único Amigo que en realidad tienes. Él te trae regalos que no son de este mundo, y sólo Aquel a Quien se le confiaron puede asegurarse de que tú los recibas. Él los depositará ante tu trono, cuando hagas sitio para Él en el Suyo.

Besos en el corazón y bendiciones.

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