Capítulo 26 (III) La transición – III La zona fronteriza.

Capítulo 26 (III) La transición – III La zona fronteriza.

La complejidad no forma parte de Dios. ¿Cómo podría formar parte de Él cuando Él sólo conoce lo que es uno? Él solamente conoce una sola creación, una sola realidad, una sola verdad y un solo Hijo. Nada puede estar en conflicto con lo que es uno solo. ¿Cómo iba a poder haber entonces complejidad en Él? ¿Entre qué habría que decidir? Pues el conflicto es lo que da lugar a las alternativas. La verdad es simple: es una sola y no tiene opuestos. ¿Y cómo iba a poder presentarse la discordia ante su simple presencia y dar lugar a la complejidad allí donde únicamente existe la unicidad? La verdad no elige, pues no existen alternativas entre las que elegir. Y sólo si las hubiera, podría ser la elección un paso necesario en el avance hacia la unicidad. En lo que es todo no hay cabida para nada más. Sin embargo, esta inmensidad se encuentra más allá del alcance de este plan de estudios. No es necesario, pues, que nos detengamos en algo que no puede ser captado de inmediato.

Existe una zona fronteriza en el pensamiento que se encuentra entre este mundo y el Cielo. No es un lugar, y cuando llegas a ella, te das cuenta de que está fuera de los confines del tiempo. Ahí es adonde se llevan todos los pensamientos, donde se reconcilian los valores conflictivos y donde todas las ilusiones se depositan ante la verdad y se juzgan como falsas. Esta zona fronteriza está justo más allá de las puertas del Cielo. Ahí todo pensamiento se vuelve puro y totalmente simple. Ahí se niega el pecado y en su lugar se recibe todo lo que simplemente es.

Este es el final de la jornada. Nos hemos referido a ese lugar como el mundo real. Sin embargo, hay una contradicción en esto, en el sentido de que las palabras implican la idea de una realidad limitada, una verdad parcial, un segmento del universo hecho realidad. Esto se debe a que el conocimiento no ataca a la percepción. Ambos se llevan sencillamente el uno ante el otro, y sólo uno de ellos continúa más allá de la puerta donde se encuentra la Unicidad. La salvación es una zona fronteriza donde los conceptos de lugar y tiempo, así como el de elegir tienen aún significado, si bien se puede ver que son temporales, que están fuera de lugar y que toda elección ya se ha llevado a cabo.

Ninguna creencia que el Hijo de Dios albergue puede ser destruida. Pero lo que es verdad para él tiene que llevarse ante la última comparación que él jamás tendrá que hacer: la última posible evaluación, el juicio final sobre este mundo. Se trata del juicio de la verdad con respecto a la ilusión, y el del conocimiento con respecto a la percepción: “No tiene ningún significado y no existe”. Esto no es algo que tú decidas. Es la simple declaración de un simple hecho. Pero en este mundo no hay hechos simples porque todavía no está claro lo que es lo mismo y lo que es diferente. Esta distinción es lo único que se debe tener en cuenta a la hora de tomar cualquier decisión. Pues en ella radica la diferencia entre los dos mundos. En este mundo, elegir se vuelve imposible. En el mundo real, se simplifica.

La salvación se detiene justo antes del umbral del Cielo, pues sólo la percepción necesita salvación. El Cielo jamás se perdió, y, por lo tanto, no se puede salvar. Mas ¿quién puede elegir entre su deseo del Cielo y su deseo del infierno a menos que reconozca que no son lo mismo? Reconocer la diferencia es la meta de aprendizaje que este curso se ha propuesto. No irá más allá de este objetivo. Su único propósito es enseñar qué es lo mismo y qué es diferente, sentando así las bases sobre las que hacer la única elección que se puede hacer.

Este mundo complejo y super-complicado no te ofrece ninguna base sobre la que elegir. Pues nadie comprende lo que es lo mismo, y todo el mundo parece estar eligiendo entre alternativas que realmente no existen. El mundo real es la esfera de la elección hecha realidad, no en el resultado final, sino en la percepción de las alternativas entre las que se puede elegir. La idea de que hay alternativas entre las que elegir es una ilusión. Aún así, dentro de esta ilusión yace el des-hacimiento de todas las ilusiones, incluida ella.

¿No se parece esto a tu función especial, en la que la separación se subsana al pasar de lo que antes era el propósito de ser especial a lo que ahora es el de estar unido? Todas las ilusiones son una. Y en el reconocimiento de este hecho radica el que puedas abandonar todo intento de elegir entre ellas y de hacerlas diferentes. ¡Qué fácil es elegir entre dos cosas que obviamente son distintas! En esto no hay conflicto. Abandonar una ilusión que se reconoce como tal no puede ser un sacrificio. Cuando se desposee de realidad a aquello que nunca fue verdad, ¿cómo iba a ser difícil renunciar a ello y elegir lo que, por ende, no puede sino ser real?

Besos en el corazón y bendiciones.

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