Capítulo 24 (IV) El deseo de ser especial – IV Ser especial en contraposición a ser impecable.

Capítulo 24 (IV) del libro de texto de Un Curso de Milagros: El deseo de ser especial – IV Ser especial en contraposición a ser impecable.

1. Ser especial implica una falta de confianza en todo el mundo excepto en ti mismo. Depositas tu fe exclusivamente en ti. Todo lo demás se convierte en tu enemigo: temido y atacado, mortal y peligroso, detestable y merecedor únicamente de ser destruido. Cualquier gentileza que este enemigo te ofrezca no es más que un engaño, pero su odio es real. Al estar en peligro de destrucción tiene que matar, y tú te sientes atraído hacia él para matarlo primero. Tal es la atracción de la culpabilidad. Ahí se entrona a la muerte como el salvador; la crucifixión se convierte ahora en la redención, y la salvación no puede significar otra cosa que la destrucción del mundo con excepción de ti mismo.

2. ¿Qué otro propósito podría tener el cuerpo sino ser especial? Esto es lo que hace que sea frágil e incapaz de defenderse a si mismo. Fue concebido para hacer que tú fueses frágil e impotente. La meta de la separación es su maldición. Los cuerpos, no obstante, no tienen metas. Tener propósitos es algo que es sólo propio de la mente. Y las mentes pueden cambiar si así lo desean. No pueden cambiar sus cualidades inherentes ni sus atributos, pero si pueden cambiar el propósito que persiguen, y al hacer eso, los estados corporales no pueden sino cambiar también. El cuerpo no puede hacer nada por su cuenta. Considéralo un medio de herir, y será herido. Considéralo un medio para sanar y sanará.

3. Sólo puedes hacerte daño a ti mismo. Hemos repetido esto con frecuencia, pero todavía resulta difícil de entender. A las mentes empeñadas en ser especiales les resulta imposible entenderlo. Pero a las que desean curar y no atacar les resulta muy obvio. El propósito del ataque se halla en la mente, y sus efectos sólo se pueden sentir allí donde se encuentra dicho propósito. La mente no es algo limitado, y a eso se debe que cualquier propósito perjudicial le haga daño a toda ella cual una sola. Nada podría tener menos sentido para los que se creen especiales. Nada podría tener mayor sentido para los milagros. Pues los milagros no son sino el resultado de cambiar del propósito de herir al de sanar. Este cambio de propósito pone “en peligro” el especialismo, pero sólo en el sentido de que la verdad supone una “amenaza” para todas las ilusiones. Ante ella no pueden quedar en pie. No obstante, ¿qué consuelo encontraste jamás en ellas para que le niegues a tu Padre el regalo que te pide y para que en lugar de dárselo a Él se lo des a ellas? Si se lo das a Él, el universo es tuyo. Si se lo das a las ilusiones, no recibes ningún regalo a cambio. Lo que le has dado a tu especialismo te ha llevado a la bancarrota, dejando tus arcas yermas y vacías, con la tapa abierta invitando a todo lo que quiera perturbar tu paz a que entre y destruya.

4. Te dije anteriormente que no te detuvieses a examinar los medios con los que se logra la salvación, ni cómo se alcanza ésta. Pero examina detenidamente si es tu deseo ver a tu hermano libre de pecado. Para todo aquel que se cree especial la respuesta tiene que ser “no”. Un hermano libre de pecado es enemigo de su especialismo, mientras que el pecado, de ser posible, sería su amigo. Los pecados de tu hermano justificarían tu especialismo y le darían el significado que la verdad le niega. Todo lo que es real proclama que él es incapaz de pecar. Todo lo que es falso proclama que sus pecados son reales. Si es un pecador, tu realidad entonces no es real, sino únicamente un sueño de que eres especial que dura sólo un instante, antes de desmoronarse y convertirse en polvo.

5. No defiendas este sueño insensato, en el que Dios se halla privado de lo que ama y tú te encuentras más allá de la posibilidad de salvarte. Lo único que es seguro en este mundo cambiante que no tiene sentido en la realidad es esto: cuando no estás completamente en paz, o cuando experimentas cualquier clase de dolor, es que has percibido un pecado en tu hermano y te has regocijado por lo que creíste ver en él. Tu sensación de ser especial pareció estar a salvo a causa de ello. Y así, salvaste a lo que habías designado como tu salvador y crucificaste al que Dios tedio en su lugar. Y de este modo, estás en la misma encrucijada que él, pues sois un solo ser. Por lo tanto, el especialismo es su “enemigo” así como el tuyo.

Besos en el corazón y bendiciones.

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